jueves, 28 de mayo de 2015

El tiempo

            El sol de las 3 de la tarde me hace transpirar en este falso verano. Me pesa la campera, sé que a la noche va a ser fundamental, pero molesta el cuero y el sudor. Los anteojos negros me ayudan a esconder la resaca. El mal sabor en la boca me recuerda que el quinto Negroni de anoche estuvo de más.

            Un miércoles cualquiera.

             Los árboles son duchas bañando las calles con sus hojas amarillentas. El olor a café de algún bar de señores me boxea la nariz. Sigo caminando con una pierna menos.

            Nunca estuve en mayo en París.

            Sólo sé lo que cuesta el otoño en Capital Federal.

            Y duele. Raspa el alma.

            Pero sigo. Piso con fuerza y pateo a la mierda todas esas hojas putrefactas.

            Busco un puente a alguna explicación sobre la idiotez. Espero que las sombras limpien el camino que me lleva a mañana y poder avanzar más lúcido en las respuestas. Esto no es un abismo al final de la ruta, sino la bifurcación que permite ir más allá de este hoy siniestro, que nos mea la cara, riéndose de las incertidumbres que nos envuelven. El aire va a cambiar y todo tendrá el brillo de esas gemas que las damas de honor admiran y los caballeros de bastón y moño intentan conseguir para poder coger un poquito.


            Nunca me equivoco. Soy el tiempo.

            Necesito que me tengan paciencia.

            El polvo me tapa la cara y la culpa me momifica a cada segundo. Sólo busco justicia. No voy a ser el protagonista de una historia de western. No llevo un arma, no estoy preparado para recibir un disparo.

            Lleno de viento mi boca y prosigo a tapar los agujeros de todos mis órganos agonizantes.

            Hace mucho calor. Es mitad de año y estoy transpirado como después del fútbol de los lunes. La sed me hostiga.

            Entro a un bar sin aire, pero nada se compara con el frío de cualquier barra. Pido una cerveza. Después otra. Algo para comer. Un Negroni. Una medida de whisky.

            El sol se fue a molestar a otra parte. Me voy para casa.

            Hoy me duermo temprano. Y mañana será otro jueves cualquiera.

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