lunes, 1 de octubre de 2012

El hambre de Caperucita y Lobo

         Lobo transpira y espera cerca del viento y la noche. Es todo oscuridad. Está firme con su cuerpo peludo, los ojos abiertos y el hambre de un playboy.

            Caperucita entra en escena y la luz aparece en la habitación. Se percibe el erotismo en las paredes. Sus piernas son como la miel. La culpa es escasa como su dolor. Combina los labios con una bata de seda roja, y ese es el único toque hollywoodense que hay en la historia.

            Lobo empaña el vidrio del ventanal y riega el pasto de baba. La observa, se le evapora el alma. Cada vez se excita más, la verga le destroza los pantalones. Quiere morderla, rasguñarla, romperla. Quiere asesinarla.

            Caperucita lo conoce. No hay trucos ni estrategias. Le hierve el cuerpo. No se va dejar asesinar. Lo mira y ve esos dientes rabiosos. Encara y pega la bata contra el vidrio. Lobo lame el cristal y el aire empieza a hervir.

            La bestia entra y no pierde un segundo.

            Saltan a la cama con violencia. Lobo entierra la dentadura en el hombro de Caperucita. Ella le clava las uñas en la espalda. La sangre brota de los cuerpos y todo se vuelve más rojo.

            Se arrancan las pocas ropas y se cogen. Las heridas cada vez son más y el sexo es cada vez mejor.

            Caperucita lo monta y se mueve con fuerza y velocidad. Van agotando la energía, pierden mucha sangre. Ella sigue y sigue. Escarba con las uñas entre el pelaje, le muerde el pecho y le rompe la pelvis. Las garras de Lobo no salen del culo de Caperucita y la mandíbula está clavada entre las tetas.

            La sangre va calmando el hambre.

            Las caderas ya no se mueven. Caperucita sólo se encarga de desmembrar los pocos pedazos de carne que quedan de Lobo.

            En la cama quedan los restos de algo que supo ser el prófugo más cazador. Caperucita sonríe. Respira como puede, su cuerpo desnudo está herido por donde se lo mire.

            Se toca las tetas ya casi irreconocibles y se mete en la ducha.

            Cicatrizará pronto y esperará a otro lobo feroz.

1 comentario:

  1. Fuerte cuento de medianoche, pero lo lei al mediodía. Poné un aviso preventor de contenido (?)

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